domingo, 18 de septiembre de 2016

Simplemente palabras

Las palabras en la mente estallan, se divierten.
Se pierden, se mezclan, chocan y revientan.
Se pelean, aman y saborean lentamente.
A veces se arrebatan, se besan y abrazan
se entrelazan, mueren y reviven.
Son un ejercito letal, un puñado de nada, 
un universo multiforme.
Quitan el sueño, u otorgan uno.
Rompen un corazón o lo alimentan
lo nutren o lo estrujan hasta secarlo. 
Son ingenuas, rien, giran, se pierden.
Se encuentran, se saludan, congenian 
y son felices o desafortunadas.
Son dueñas del cuerpo que habitan pero 
vuelan y se pegan a los oídos cercanos. 
Bailan en otros, recitan versos, hacen cosquillas,
son cálidas, acarician, o lastiman.
Las hay vestidas de seda y otras con tachas.
Las hay con pulóveres de lana, también de arpillera.
Son dueñas de todo y no piden nada. 
Las palabras crean, están, somos ellas, abrazalas.

                                                                                      Luciano Ezequiel Cabrera

sábado, 14 de noviembre de 2015

Antigua dama de compañía



Distraído estoy. No tengo muchas ganas de nada.
Sólo viviría escuchándote, música.
Quieto, algo desquiciado.
Cada vez menos concreto.
Todo pasa por el nuevo objetivo ahora…
La mente se colapsa.
La vida me rebalsa… como yendo rumbo al Este, en una balsa… y de a poco me sumerge...
Me dejo.
No me quejo, lo vivo.
Estimo el estilo que tenés, música. Qué ganas de vivir en tu voz/s…
Sentir lo clásico, los instrumentos olvidados… Esas cuerdas que chillan melancólicas.
¡Qué pulcra sos, mi estimada! ¡Qué delicada!
De pronto vivo aventuras animadas en recuerdos de borrego.
Música querida, me hacés re-vivir.
Estridente sonido que ayuda a despojar, que alcanza pretensiones literarias en mí.
Qué ganas de vivirte en arte plástica, de garabatear a tus órdenes. De procesar tus anhelos, y los míos.
Qué profundo vas, me removés.
Y así, ¿cómo no enamorarme de vos, querida? ¿Cómo no sentir las mariposas de tus flautas traversas y otros vientos?
¡Qué desprolija! ¡Qué insensata! Despertás de todo, en cualquier época.
¡Cómo me gustas, caramba!
Lo bueno es que no importa tu edad. Me hacés vivir tu momento, aunque ahí en el tiempo estés anclada.
Te traen y me hacés vivir en Buenos Aires, allá por los sesenta o en Italia un tanto antes, o en los ochenta de los ingleses…
Simplemente a veces tengo cuarenta pirulos y otras ciento y pico… ¡Qué hábil sos, che! Sos la mejor de las veteranas.
Me llevás de paseo, por mi historia, por la tuya…
A estos tangos tuyos los vivo con aroma a café y estrellas desencontradas entre la bruma húmeda de la noche.
Y de golpe, ¡me castigás con tu alegría!
Me vestís de gala, me llevás de visita por los estados de ánimo.
Querida… ¿acaso no sos perfecta?
Tan amplia… Tan vieja…
¿Quién diría que iba a enamorarme de vos? Gorda y vieja. Tan persuasiva… tan vos... ¡Carajo!


Luciano Ezequiel Cabrera

martes, 22 de septiembre de 2015

La puerta a la felicidad


¡Vos también estás a tiempo! 
Sentite bien, tené' esa chispa. Las croquetas adaptadas son tu salvación, ¡por solo diez euros!¡Ser original es una decisión! Las croquetas adaptadas reactivan el funcionamiento cieurológico y potencian la cicatrimina en la zona frontal de tu cerebro. Éste aumenta gradualmente su capacidad para ser creativo. Día a día te transformaras en un ser extraordinario y muy original ¡por tan solo diez euros!
Y lo mejor, los efectos secundarios recién aparecen después de la quinta croqueta.
¡No temas, animate!
Las croquetas adaptadas son tu puerta a la felicidad.
No olvides: ¡ser original es una decisión!

Sólo diez euros… y ¡dejá de sufrir!  

Luciano Ezequiel Cabrera

Una mirada a la vista


Vi fluir un rio de lágrimas de a rato divertidas y por momento reales. Una escaramuza achinada entre la alegría y la búsqueda de respuestas. Un alma que vibra entre filamentos, rodeada por brillo de picardía. La complicidad ardía en el recorrido. Sólo medio metro.
La mirada comunica que hay distracción, no del momento, sino del contexto real.
Los límites se trasgreden en la conexión. Por momentos me contó y respondió, me criticó y hasta se dio el lujo de decirme lo que pensó cuando por primera vez nos cruzamos.

Esa mirada dijo: ¿Qué demonios estamos haciendo? Y disfrutó con ganas el acuerdo intrínseco de no contar lo que no se mostró. ¿Es esto ambiguo? ¿Acaso este cruce no lo es? 

Luciano Ezequiel Cabrera

Memoria de un último destello



Levitación áspera, latir del viento;
un giro cromático y quedó sin aliento.
Estruendo, sonido y allí distinguido
en pasadas épocas, está sumergido.

Caen murmullos, cantos, reflejos
en patio terso, revuelto, disperso.
Se ve la garúa mojar con ternura;
la hamaca se mueve, no tiene mesura.

Al cabo de un tiempo se prende y se rompe
el espejo de pronto y vuelve a ser hombre.
Se ve en esa cama queriendo abatir,
no se lastima, decide partir.
Luciano Ezequiel Cabrera

Los países primos.


En el Este de la capital del país de por allá, Alabama y él estaban tomando un té despistado. Al parecer tomaron la sal por confusión.
Golpeaba la mesa con la mandíbula, de tanta risa. Golopo pisaba fuerte el piso acompañando una carcajada en cámara lenta. Se veía el regocijo en las miradas, como si estuvieran unidos por una pequeña pincelada de un material similar al reflejo de un diamante solo perceptible con algo de picardía.
De fondo se oían truenos.
Galatea, ladraba, confundida. Gritos de alegría, golpes y un clima caldo y chicloso la rodeaban.
Desde la otra provincia del país primo (¿por qué considerarlos hermanos?, ¿Sólo por lindar?) estaban Angustio con Etiopía, llorando desconsolados bajo la gran estrella. Cicerón, su perro, dormía (francamente tenía que estar él aquí para lograr el justo desequilibrio).
Alabama tomaba whisky con Golopo. Ahora un par de copas, luego otras. La alegría quedó en veremos, cuando el cielo despejó y el alcohol perforó las mejillas de Alabama.
Angustio secó los ojos y propuso un brindis. La loca sacó la soda para no pasarse. Su experiencia le contaba al oído anécdotas de destrucción y resacas.
Cayó la estrella tirada por el gran satélite.
Angustio tomó el sifón y baño en risas la amarga situación.
Ahora dormía Galatea. La situación empeoró conforme los ojos de Golopo se acercaban al color carmín de su nariz. Alabama mató con la taza de té y propuso la última curda para su amado.  Con la primera gota colorada que brotó de su nariz él entendió todo.
Por los países húmedos la risa se transforma en llanto. Donde antes imperaba el dolor y la estrella, ahora la luna y las sonrisas, ganan por goleada.


                                                                                                            Luciano Ezequiel Cabrera

El reflejo del agua


Tres naranjas amordazadas. Una de ellas perdió la vida.
Cinco baldosas que a balazos se dividían.
Dos cajas viudas. Los flacos han muerto en batallas de besos.
Una botella a través de la cual se ve aquello que quedó.
Se deja ver ahí, cruda la muerte entre el agua y el barro.
Todo terminó ahí en ese vistazo. 

La vida sigue y la muerte pasó.

Luciano Ezequiel Cabrera

Los metros que los distancian


Que el ciego que no ve, mira con el alma
Que el sordo que no escucha toca con el aura
El mudo continúa la historia con el espíritu y la mirada.
Imagine ahora a dos ciegos que se baten a duelo en combate de esgrima inolvidable.
Nunca hay pasos hacia atrás, no ven si hay un fin.
Los floretes no se tocan, erran a metros.
Sacuden los bastones blancos, uno de ellos olvidó desplegarlo.
Corre el otro con ventaja si se acercan con violencia. Imagine usted el encuentro cual batalla a caballo de los caballeros de la Edad Media con los escudos, armaduras y largas lanzas. Si estos muchachos se abalanzaran claramente, el perdedor está cantado.
Nadie le avisa, el público es mudo, los miran y vibran con silencio absoluto.
Quisieran pararse y golpearlos ambos, pedir que se apuren o direccionarlos. Todos son gritos sordos para ciegos.
Los sordos tenían la entrada prohibida.
Piense ahora usted en un estrado de sordos y mudos. Unos queriendo explicarle gritando a otros que no responden, porque aunque pudieran no serían oídos. Los gritos cada vez serían más fuertes y terminaría por cortarse el espectáculo; los ciegos no podrían concentrarse por los gritos de los sordos a los mudos.
Imagine ahora usted que mientras yo desvarío contando todo esto los ciegos siguen a tientas.
El acercamiento se produce al fin… Suponga que han pasado sólo algunos momentos. Ambos están sumamente transpirados y cansados cuando el fin llega. El Hombre no vidente del bastón blanco extendido toca al fin algo sólido y vertical y se oye el sonido paradójicamente sordo de un cuerpo al caer. El árbitro de la disputa cae al suelo y el ciego del bastón replegado tira el último golpe al aire colisionando con el puño en la pálida mejilla de su contrincante.
El público ensordece. No puede pretender usted que un mudo enmudezca por claras razones.
Por supuesto, en la esgrima no se permiten los golpes con la mano y finalmente, de la gresca, sale victorioso el ciego del bastón prolongado.


                                                                Luciano Ezequiel Cabrera

viernes, 28 de junio de 2013

versos al arte cigarrero

Chispa que desencadena el incendio,
aquel donde se encuentra la alegría.
Calor versado, acogedor remedio. 

Encabalgamiento, recurso artístico 
amor por el cálido estado;
letras que representan lo anímico,
continua la historia del pasado.

En unos versos se representa, 
el calor de los signos lo abraza.
Poco a poco, de manera violenta;
se consume la inspiradora braza.

La chispa, la llama dorada
el arte que brota, alegremente,
logra así la sensación deseada.

Luciano Ezequiel Cabrera

domingo, 21 de octubre de 2012

Me harté

Dicen los que saben, claramente no entro en ese grupo, que las artes liberan.
Dicen que las artes, sin mucho saber de ellas, sin mucho esfuerzo de por medio, se transforman en innovaciones.
Dicen por ahí también, que arte, no es sinónimo de estética, sino sinónimo de creación.
Dicen de creación en relación a un atisbo de lucidez en el que un pobre tipo, que muchas veces muere de hambre, rompe las estructuras para crear con un par de lineas, letras, acordes una combinación nunca antes vista.
Dicen que es una combinación, es que al parecer ya todo se ha inventado en este campo.
Dicen que el que es capaz de reflejar con un lápiz,  un pincel, una cuerda o un movimiento acompañado del sonido que propina, uno fabrica nuevos mundos.
Dicen también aquellos que dicen saber, que el arte es un mero reflejo de lo que pasa en ciertas ocasiones en la sociedad que envuelve al que podríamos llamar "artista".
Yo digo, que todos somos artistas, que el arte es estética, que es desahogo, que es reflejo, es un mundo.
Digo, un mundo en el que uno podría, sin querer, nadar sin saber, en un mar de letras o acordes y por qué no pinceladas.
Dicen que un personaje creado por un escritor, no tiene salida de su historia, que realmente nunca mueren, que jamas olvida este ni una linea de lo que le toca decir y que aman, mueren, sufren y viven en proporción con la cantidad de veces que son llamados a la acción.
Muchos también dicen que si el arte impacta en un observador, u oyente es muy difícil que éste olvide su existencia.
Dicen que no hay placer mayor que ver  un armonioso movimiento de una danza, que con él puede uno volar durante escasos segundos o quizás horas con su recuerdo.
Digo que en todas las cosas que nos rodean existe el arte, que lo que un hombre elabora con su manos, esta cargado de emociones, que hacen que uno pueda anexar a su trabajo el hermoso adjetivo "artesanía".
Y dije artesanía, porque cuando uno habla de artesanía esta hablando del arte-sano y cuando un piensa en arte-sano, así descompuesto,  llega a la conclusión de que  el arte cura y reconforta el alma.




Luciano Ezequiel Cabrera

miércoles, 10 de octubre de 2012

Intrincada caída

Y en un momento de desahogo brincó. Un condenado salto que lo llevó directo a su antiguo agujero. Para no ver más la realidad pasada que se vé reflejada en la otra persona. 
En la intimidad de su caída, sus ideas se peleaban, entrelazadas, amordazadas. Las suyas, y las recibidas de la que hoy portaba su pasado.Se veía ahí en esas palabras, en esas ideas.
No era capaz  ni quería privar al otro de lo que fue necesario para él; una soledad entre seres queridos, sin uno definido. 
La necesidad de sentir que uno tiene todo, que se tiene a uno. 
La necesidad de sentirse, con uno mismo, muy bien acompañado.
Saber y poder relatar todo lo que va a ocurrir. 
Sentirse ultrajado por no coincidir nuevamente en sus momentos.
Ver su pasado ahí todo integro, reflejado en ella, y a la vez saber que no es su pasado sino su presente que se regocija sonriendo de ver que a los golpes se crece. 
Su reflejo no va a regalarle ni compartir su "nuevo" futuro con él. Quizás no, no hasta que haya pasado un tiempo en que las cosas se emparejen y su pasado se vuelva presente y con las cosas así, alineadas se crucen nuevamente sus caminos. 


Luciano Ezequiel Cabrera

domingo, 5 de febrero de 2012

Contrapicado

En el atardecer de un día poco húmedo pegaba una seca al cigarrillo, y sollozaba escasas gotas de sus ojos casi secos. Ante la situación comprometedora que había pasado la tarde anterior, decidió encontrar una solución a la problemática existencial que lo acongojaba. Pensando en su estado se imagino como un vagabundo trepidante, echado en la mano izquierda de una vereda confusa. Se sentía un foráneo en su tierra pero no encontraba palabras para amalgamar el dolor que había sentido la otra persona. Su tes le temblaba y cambiaba en continuidad, lo cual asustaba un poco a la gente que algo lejos pasaba de su posición.
Su miedo menos aterrador lo rodeaba y le hacía sentir el rigor de ser el de menor categoría. Sentía que todas sus miradas se posaban sobre él, se sentía un arácnido, se veía desde distinto planos, picado, contrapicado, lo alteraba cuando el primerísimo primer plano lo sorprendía de repente como colisionando contra él. Se sintió estúpido, por momentos amorfo, y de momentos no sentía.
Se vió en un rincón, en una esquina inversa que doblaba hacia adentro, en un fin de calle. Se confundía entre las bolsas de basura, se camuflaba entre los perros enfermos y perezosos. Su cabeza se tambaleaba, dolía, se tambaleaba mientras dolía, y sabiendo que el tambaleo le provocaba el jaquecoso malestar no podía dejar de hacer esos movimientos tan involuntarios y placenteros.
El tiempo pasaba lentamente en las carne y hueso. Quizás retrocedía, la idea de lo subjetivo, de todo lo que lo rodeaba le causaba gracia y pensar que cualquier cosa dicha por un sujeto de alta estirpe sin ser comprobada podía ser tomada como parte de la realidad. Pensó en crear un espeltesorio de madera y confundir a la gente con esa idea de poder transformarlo a bronce y lograr la perfección.
Como desarmado ante Goliat algo lo golpeó de pasada. Su situación lo llamaba lo traía nuevamente a la realidad; otra vez esa voz, ultima seca y a la casa, a resolver los inconvenientes que tan poco le molestaban pero lo rodeaban y recordó que así es la vida.


CABRERA, Luciano Ezequiel

martes, 17 de enero de 2012

Un mal momento

En una historia olvidada se encontraba un personaje perdido que estaba a punto de colisionar contra un muro cuando al creador del relato se le acabo la tinta de la birome. Como la tinta se acabó el escritor tuvo que salir para ir al quiosco a comprar una nueva lapicera. Al cerrar la puerta dejó olvidada la llave dentro. Caminó enojado hasta la cerrajería, cuando llegó a la misma descubrió que estaba cerrada por vacaciones y que en vez de un número de emergencia figuraba la dirección de otra cerrajería que quedaba a unas treinta cuadras. Decidió caminar ya que el día estaba lindo y al rotar sobre su pie izquierdo su rodilla se quejo mientras el derecho se enterraba en las eses de quien sabe que animal. Ante la locura del momento decidió acelerar la marcha y arrastrar los pies hasta llegar al final de los canteros de una casa cercana. En el camino, mientras su rodilla izquierda se quejaba porque debía hacer fuerza ya que la derecha se había dignado a limpiarse en los húmedos pastos, una pobre flor cayó tras una patada y de ella una abeja alborotada zumbando voló hasta su nariz colorada.
En ese momento la abeja decidió dejar su vida en la venganza y martillo sobre la enorme nariz con su pequeño y ponzoñoso aguijón. Pasaron dos segundos hasta que el sujeto se dio cuenta del ardor que sentía no solo por la picadura sino porque estaba realmente bronceado cual camarón, por caminar vagamente durante horas en la vereda del sol. Por un momento se paró y pensó que debería apresurarse en llegar a la cerrajería porque si la misma cerraba iba a tener muchos inconvenientes para poder abrir su casa. Divisó una bicicleta apoyada sobre un árbol y como quien dice, la tomó prestada por un momento. La levanto y la llevo hasta la esquina caminando (porque estaba en una subida) y desde la esquina se largo en bajada. En unos minutos había hecho el doble de lo que había caminado. Cuando pudo ver la cerrajería decidió frenar, y descubrió que los frenos eran solo dos palancas frustradas que no hacían más que bailar. Por su falta de experiencia intentó varios métodos para aminorar la velocidad pero al cabo de diez cuadras terminó en un intento de coleada tirado en el suelo con varias heridas y su pobre ropa nueva totalmente descangallada. Tras un llanto espasmódico al darse cuenta de que se encontraba a la misma distancia de la cerrajería que antes de subirse a la bici, pero con la diferencia de que mucho más lejos de su casa, comenzó el camino de vuelta hacia el tan preciado local. En el camino encontró a un niño, sucio y andrajoso, de mirada cálida que estuvo a punto de no pedirle limosnas a un sujeto que parecía en igualdad de condiciones que él. Pero en la escuela de la calle se aprenden muchas cosas como por ejemplo que, el que no arriesga no gana, así que el chico probó suerte y pidió una moneda. El hombre, intentando hacer una buena obra y buscando cambiar su suerte tanteó su bolsillo trasero izquierdo en búsqueda de su billetera. Al tanteo por fuera sintió un bulto extraño y golpeteo para escuchar el sonido que odio haber escuchado. Ahí en ese bolsillo estaban las llaves y lo peor, no había rastros de la billetera.
CABRERA; Luciano Ezequiel

jueves, 5 de enero de 2012

Caminó hacia el sol

Erase una vez un sujeto que caminaba hacia el sol. Un hombre honrado por la vida y deshonrado por su familia. Un solo tipo que caminaba sin ton ni son hasta tocar los rayos calientes de una tarde de invierno.
Se puso a pensar, a deducir, esperó.
En invierno el viaje sería más largo y por eso lo emprendió. Decidió llegar y acelero para levitar. Su viaje se completo con miles de contratiempos. Su vuelo en las tormentas frescas de julio lo llevaron a descansar un poco en las nubes, a disfrutarlo. Sabía que era el ultimo rato de refrigerio que le quedaba hasta la inminente llegada al paraíso anaranjado de la ultima noche. Algunos truenos enfurecidos luchaban por correrlo del poco espacio que había entre las gigantescas nubes. Luchó.
Hasta que encontró el silencio, lo tomó, se aferro a él.
En unos segundos todo se torno oscuro y descubrió que esas pequeñas luces que veía desde abajo se encontraban aún más lejos que su objetivo. Sufrió en la tremenda oscuridad, ésta lo cubrió.
Pero siempre tuvo en vista al final del camino, esa luz que lo llevaba a su destino.
La siguió y su final llegó, la luz lo cubrió y su camino al sol se concretó.
CABRERA;  Luciano Ezequiel

domingo, 27 de noviembre de 2011

Solo un sujeto

En el asedio de una tarde húmeda y gris, el hombre se irguió sobre sus cuatro piernas e intento absorber el poco aire que quedaba dentro. Como cada tarde daba una vuelta alrededor de las frías paredes de cristal. Casi no quedaba lugar para vivir, o caminar. Sus excrementos ocupaban más de un tercio del espacio. Pensó que debería intentar formar una gran montaña y así escalar y tocar la punta de este atalaya en el que se encontraba inmerso.

Al terminar su camino el incansable sujeto, apoyó su enorme cola sobre una rama, y su cabeza desproporcionada contra la gélida pared, para así descansar, hasta llegar a la antigua tarde de ayer que será igual a la de mañana.

Esa fue una noche distinta, descubrió que el aire se acababa, que aquel dios que lo rodea día a día, sumiéndolo en la oscuridad, con su enorme extremidad no había llegado. Su alimento escaseaba.

Aquella magnificencia de cada día, no ha llegado en el momento indicado. 

Descansar se torna imposible, su preocupación ocupa más espacio dentro de su cuerpo que el que está dispuesto a entregar.

La muerte se acerca, el alimento se ha acabado. La desesperación lleva a este silencioso ermitaño a la locura. Divagó tirado entre los excrementos y las frígidas paredes. Pensó en el tiempo, el universo, el sentido de su existencia en ese húmedo lugar. Dudó, la decisión de vivir muriendo lo atrajo. Dudó, su carne putrefacta no tendría buen sabor. Dudó, las duras paredes reflejaban su alicaída figura, se vio moverse involuntariamente, dudó. 

Dudó y se transformó en parte de su propio excremento.


CABRERA, Luciano Ezequiel